Algunos hemos crecido de la mano de Blizzard, esa pequeña compañía que aspiraba a lo más alto, y que sin comerlo ni beberlo se encontró de pronto con un exitazo de la mano de algo tan simple como un juego de estrategia que tomaba personajes de mundos de fantasía al traernos Orcs & Humans a nuestras manos. No fue en realidad hasta su tercera entrega que despegó de la forma que la conocemos hoy, razón por la que se sumaron al carro con otra idea para estrategia de la mano de Starcraft en 1998. Y es que si algo funciona porque no explotarlo. Nos bañamos de regocijo en la historia de Arthas, mientras acompañabamos de la otra mano a Jim Raynor y a la queridísima Kerrigan. Y es que si algo bueno había llegado a nosotros era la identidad de todos esos personajes, su carisma, su historia…

Y es entremedias de una y otra cuando te das cuenta de que hay un hijo al que se le ha prestado menos atención, Diablo. Quizá fuera precisamente la ausencia de personajes relevantes en su primera edición, el hecho de que más allá del herrero y del propio Deckard Caín, nuestro personaje carecía de empatía, carisma y por supuesto de una identidad que nos hiciera sentirnos representados con tal o cual persona. Pero al contrario que ocurre con Warcraft o Starcraft, a todos los jugadores de diablo los he oído siempre hablar de «su» nigromante, «su» paladín, «su» brujo, y eso nos lleva a entender el éxito real del juego, más allá de todo el marketing añadido. Entonces… ¿Por qué no se le ha dedicado el mismo tiempo o interés?

Algunos ya sabéis que soy fan y lector de todo lo que trae Blizzard, y la diferencia de publicaciones de Warcraft o Starcraft es abrumadora en relación con Diablo, no obstante y pese a ser el chico olvidado, la producción literaria no creo que se haya dejado completamente de lado, y se ve que realmente existe un cuidado y amor hacia esta parte de la empresa, aunque es el tapado de forma patente. No obstante, el desarrollo de personajes que se ha producido en las otras dos IPs es tan basto y amplio que practicamente deja en ridículo a lo que se pueda aportar sobre Diablo, ya que pese a que en Diablo 2 nos presentaron a muchos personajes, estos no dejaban de ser meros acompañantes y no partícipes directos en la historia, como si ocurre con los héroes y villanos de los mencionados.

Y es por eso que cuando se hizo la conferencia para anunciar Diablo Immortal entienda la desesperación, hastío y angustia con que fue recibida la noticia de un juego para móvil, dado que esos jugadores que si aprecian Diablo han visto reducido su juego a un Hack & Slash genérico que a pocos interesa y a muchos desespera. Es la concatenación de una serie de malas decisiones sobre una de las partes de la franquicia que tiene su público pero que para mi gusto ha sido tan maltratado que pensar ahora en que no tiene el mismo número de jugadores que WoW me parece absurdo.

Diablo es el olvidado, y de eso alguien se ha debido dar cuenta, porque ya tenemos una remasterización de Diablo 1. Quizá fuera tan innecesaria como una remasterización de Warcraft 1, dado que como todo, igual que el 3 fue el despertar de la saga de Warcraft, Diablo 2 es el niño bonito de esa IP. Quizá por nostalgia haya gente que diga que prefiere enormemente la primera parte, pero a nivel de historia, narrativa, acontecimientos etc, me quedo de largo con el 2. Por eso el anuncio de una remasterización queda un poco descafeinado, pese a que evidentemente es una gran noticia para todos aquellos que disfrutamos rejugando los juegos antiguos y queremos llegar con menos de 6 dioptrías a la jubilación.

Así que en definitiva, una de cal y otra de arena. No se que tal funcione Immortals, lo que si está claro es que no era lo que la gente que le gusta Diablo quería.