Y es que algunos nos hemos levantado un día del pc dándonos cuenta que llevabamos varias horas intentando conseguir tal o cual objeto o completar esta o aquella quest, unas veces con la sensación de haber logrado un hito histórico que pasara a los anales del «a nadie le importa» y otras veces pasará por el «dios, esto es el tempus fugit». Y es que aunque me gusten enormemente, los MMOs empezaron trayendo al mundo del multijugador aquello que tanto echabamos en falta los que ya jugabamos en mundos de fantasía, gente real con la que relacionarnos, un sitio donde poder comprar y vender tus productos sin conversaciones ultra genéricas, un/una compañero/a o varios para poder acabar con ese boss que llevaba reventandote desde hacía rato. ¡Y es que esta premisa era espectacular!

Y esa idea a lo largo de los años he visto como poco a poco se ha ido reduciendo a una sola necesidad, la del servicio. Que permanezcas el mayor tiempo posible en su juego, de forma que han conseguido que lo que antes era divertido, ahora sea tedioso, exageradamente largo y en muchos casos aburrido. Pero igual que ocurre con las lootboxes, conseguir tu objetivo o recompensa parece que sigue produciendo ese placer cerebral tan inexplicable, así que ahí vamos como borregos a conectarnos una y otra vez.

Y es que probablemente tu como jugador en algún momento hayas caído en las garras de algún juego que te ha intentado exprimir tu tiempo como si del mismo Dios Crono se tratara. No habrá sido agradable darte cuenta de como te ha succionado la vida, pero oye, mientras que estaban ahí chupándote te lo estabas gozando. Y es que la sensación de culpabilidad por el tiempo invertido suele ser inversamente proporcional a la recompensa obtenida. Una mala tarde de farmeo puede traer consignas del tipo «vaya mierda de loot», «es que el juego está roto», mientras que al otro lado del charco nos esperan otras tales como «Voy rotísimo con ésta espada», o las típicas «verás el auctioneer como lo voy a petar».

Y es que el problema es ese, mientras que antes nos tirabamos horas recorriendo los 5 cds de Baldurs Gate, o los 3 nada despreciables de Diablo, a día de hoy que no tenemos el problema de la «capacidad» nos encontramos con la falta de innovación, habiendo relegado el género mmorpg a un idílio de chino farmer que poco más que te dan ganas es de cortarte las fibras de la adsl hasta que sangren. Misiones repetitivas de ve a matar X y consigue Y objetos, ve a recoger X y trae Y, ve a hablar con X y que te entregue Y, en resumen, si las matemáticas no nos gustaban esto lo más normal es que tampoco nos guste.

Y aunque han salido muchas nuevas formas de entender el MMORPG me temo que todas han tendido al servicio, a la exclusividad y muy a mi pesar al pay to win, porque la realidad es esa, cuando haces algo tedioso al final inventas la forma de hacer que se produzca el efecto contrario, y en este caso no tenemos los trucos en nuestra revista favorita, sino que a nuestro pesar los tendremos pagando y obteniendo determinadas ventajas que hagan el juego ameno. Lo peor es que seguimos cayendo en alimentar a esos juegos bien por el tiempo dedicado, bien porque seguimos la zanahoria delante del palo…